miércoles, 4 de febrero de 2015
Otra perspectiva
Siguiendo la idea del árbol del post "Aprendizaje de LE en una imagen" esta vez, la perspectiva es diferente. El anterior árbol es un yo visto más desde el punto de vista de aprendiz. En este caso, como futura profesora que quiero ser, el punto de partida es un yo profesor.
¿Cómo ser un buen profesor?
Desde el punto de vista constructivista no existe una sola forma adecuada de enseñar. Por eso, es necesario buscar y encontrar la forma de enseñanza con la que uno se sienta más cómodo. Aquella que te ayude a establecer criterios de actuación que te permitan descubrir las necesidades de los alumnos, y te brinde la capacidad para resolver los problemas que puedan surgir.
Para ello, también es importante tener claro qué creencias tenemos, porque sin quererlo, también las transmitimos a los alumnos.
En definitiva, la imagen pretende reflejar este "profesional reflexivo" que es recomendable ser para ejercer una profesión más plena y enriquecedora.
Imagen sacada de Webalia "Árbol con un rostro". Disponible en: http://webalia.com/fotos-animales-flores/arbol-con-un-rostro/gmx-niv88-con4968010.htm
domingo, 25 de enero de 2015
¿Tecnófobo o tecnófilo?
Para ser sincera, cada vez que me
proponen hacer algo relacionado con la tecnología que esté fuera de las actividades
"cotidianas", como para mi, por ejemplo instalar un programa nuevo,
la sensación inicial que me surge se acerca a la angustia.
En el caso de instalar un
programa nuevo porque no sabes si después de instalarlo: 1) puedes bajarte sin querer algún virus, 2)
el ordenador te va más lento que antes, cosa que me pone muy nerviosa porque
para los cuatro programas que más uso (típico Word, Power Point, etc.) lo
mínimo que espero es que no me tarden cinco minutos en abrir por culpa de otro
programa que seguramente voy a usar tres veces...
La sensación de angustia viene
provocada también porque la informática no es un idioma que tenga muy
controlado. Puedo intuir muchas cosas y me defiendo, pero es siempre ir con
pies de plomo; porque no vaya a ser que toque algo y se borre todo. Lo cual
hace que tenga que invertir un tiempo considerable para aprender este idioma ya
que se sale de mi zona de confort. Afortunadamente por lo general siempre tengo
alguna persona que me pueda ayudar, o que lo haga por mí, (hay que optimizar el
tiempo y ver los recursos que uno tiene).
Pese a todo, como dije antes la
tecnología se encuentra fuera de mi zona de confort y estoy dispuesta a ampliarla, por lo tanto
sí que me considero una tecnófoba pero con voluntad para curarme; y
"curarme" significa un equilibrio ya que tampoco me interesa ser
tecnófila.
Y digo esto porque relacionándolo
con el uso de las TIC en clase, creo que sí que es una herramienta muy útil
para integrar en el aula de ELE, sobre todo porque ahora cada vez menos gente puede disponer de una impresora y les es más
fácil enviar las redacciones en formato digital por ejemplo.
Sin embargo, siempre tuve recelo
a la tecnología por el hecho de que cada vez existe más interacción virtual y
menos personal. Es cierto que para
algunos aspectos los avances tecnológicos son realmente útiles y facilitan mucho la vida pero, por otro lado,
me da mucha pena ver que se está yendo por el camino del extremo, cuando ves
que por la calle la gente camina viendo su móvil en lugar de vivir el momento
presente.
Fuente de imagen: Tec de Monterrey. (2010). Tecnofílico vs tecnofóbico [Imagen]. Recuperado de: http://publidinf.mty.itesm.mx/publidinfvirtual/panorama/Archivo/historietas/historieta218.gif
domingo, 18 de enero de 2015
Aprendizaje de LE en una imagen
Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en mi aprendizaje de lenguas extranjeras es la riqueza que me ha aportado. Aprender una nueva lengua es como abrir una puerta a otra forma de interpretar el mundo. Por eso, me represento con un árbol y las lenguas las ramas que van creciendo y contribuyendo a enriquecer y formar mi visión del mundo.
Imagen sacada del blog APCS. Al parque, conectando sentidos. http://alparquetv.blogspot.com.es/
martes, 28 de octubre de 2014
Profesores motivadores
Como todos sabemos y seguramente hemos experimientado, la motivación es un elemento clave en el aprendizaje.
La palabra "motivación" viene del latín motus o motivus que quiere decir "causa del movimiento". Por lo tanto, la motivación es el impulso que nos ayuda y nos mueve a hacer las cosas. Ese impulso puede iniciarse directamente en nosotros o ser encendido por un factor externo. En este caso, si hablamos de aprendizaje, un factor externo es el profesor.
El profesor es un elemento importante que hace que lo que estés aprendiendo (o intentando aprender) te guste más, menos o sea más llevadero.
Mi experiencia positiva fue con el profesor de traducción científica de la universidad. A mí las ciencias siempre me gustaron, pero la actividad traductora en general luego me di cuenta que no. Sin embargo, con este profesor la traducción científica me gustaba y disfrutaba traduciendo los textos; viendo los diferentes significados de una misma palabra, los matices según el contexto en el que se encontraban, incluso me plantee dedicarme a la traducción científica.
Este profesor, por un lado, trasmitía seguridad y confianza en lo que decía (porque había estudiado medicina) y por el otro, la tranquilidad de poder preguntar cualquier duda ya que si no entendías el concepto de una forma, lo explicaba de otra forma, y de otra si era necesario.
Así pues, creo que un buen profesor es aquel que le gusta enseñar y lo que enseña, y quien es capaz de transmitir y contagiar su motivación a los alumnos.
La palabra "motivación" viene del latín motus o motivus que quiere decir "causa del movimiento". Por lo tanto, la motivación es el impulso que nos ayuda y nos mueve a hacer las cosas. Ese impulso puede iniciarse directamente en nosotros o ser encendido por un factor externo. En este caso, si hablamos de aprendizaje, un factor externo es el profesor.
El profesor es un elemento importante que hace que lo que estés aprendiendo (o intentando aprender) te guste más, menos o sea más llevadero.
Mi experiencia positiva fue con el profesor de traducción científica de la universidad. A mí las ciencias siempre me gustaron, pero la actividad traductora en general luego me di cuenta que no. Sin embargo, con este profesor la traducción científica me gustaba y disfrutaba traduciendo los textos; viendo los diferentes significados de una misma palabra, los matices según el contexto en el que se encontraban, incluso me plantee dedicarme a la traducción científica.
Este profesor, por un lado, trasmitía seguridad y confianza en lo que decía (porque había estudiado medicina) y por el otro, la tranquilidad de poder preguntar cualquier duda ya que si no entendías el concepto de una forma, lo explicaba de otra forma, y de otra si era necesario.
Así pues, creo que un buen profesor es aquel que le gusta enseñar y lo que enseña, y quien es capaz de transmitir y contagiar su motivación a los alumnos.
martes, 30 de septiembre de 2014
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